En esta etapa, el descubrimiento llega a través de los sentidos. El bebé toca, escucha, muerde, mira. Los libros se vuelven objetos para explorar: texturas, colores, sonidos. Empieza a reconocer las voces, las melodías de los cuentos que escuchaba antes de nacer, y en esa repetición encuentra placer y conexión. Los sonidos onomatopéyicos, los ritmos y las imágenes lo invitan a conocer el mundo de forma lúdica y afectiva.